JUAN VALDÉZ

 

Sevilla, 1869.

Del oficio de alfarero que había heredado de su padre, Juan fue desarrollando una vocación por las miniaturas.

Cada vez más empecinado en disminuir la superficie de trabajo, llegó a crear figuras humanas no más grandes que el tamaño de un garbanzo.

Él mismo llevaba, añadida a la cadena del reloj, la imagen de dos hombres enlazados.