Cuando él le dijo que irían a vivir a un petit hotel en la calle Vicente López, Amelia pensó que Héctor había enloquecido. No le resultaba raro. Con el antecedente de su cuñado ella pensaba que Héctor también podía desestabilizarse. De las distintas teorías familiares sobre Eduardo: el pobrecito, el avivado o el loco, ella nunca supo con cuál quedarse.