Fue un tiempo antes de terminar la guerra, cuando los nazis decidieron desmantelar el proyecto, que la llamaron desde la oficina de su superior. La esperaban con un niño en brazos. Como servicio final tenía que llevarse a Herman, así se llamaba, y criarlo como propio. No todos los chicos habían sido adoptados, así que en cuestión de días se hizo un reparto fugaz.

Agnes, contrario a lo que se esperaría como imposición, sintió que Herman fuera el hijo que ella no había llegado a parir. Su marido había sido un joven soldado que había muerto en el campo de batalla y ese fue el padre que se inventó para Herman.