Sin fecha.

 

De la llegada de Anna al Puerto de Buenos Aires no se conoce ningún dato. Ella guardó silencio sobre cómo había bajado de un barco a los catorce años, y cómo había conseguido quedarse en el Rotondo por más de un mes.

Fue ahí donde conoció a Vicente. Él le ofreció trabajo de sirvienta en Santa Fe. Ella aceptó con el convencimiento de que nunca llegaría a agarrar un trapo.